Si hiciéramos un viaje en el tiempo, de regreso hacia los momentos
clave de nuestra vida, sin duda, nos daríamos cuenta de que la música
estuvo siempre: En la infancia, con los discos que papá o mamá hacían
sonar; en la juventud, la primera vez que bailamos pegados a alguien; en
la madurez, cuando nos casamos, vals de por medio; y en las fiestas,
los viajes, las películas, las series de tv, los días, el paso de una
década a otra.
Todas las cosas comunican más de lo que dicen, la música no es una
simple sinfonía, sino que está escrita hasta las costillas de miles de
vivencias.
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